Esta es, quizás, la leyenda urbana y rural más escalofriante de la época de la industrialización en el norte. Durante el auge de los grandes ingenios azucareros en Jujuy, Salta y Tucumán, comenzó a circular el mito de “El Familiar”. Se dice que los dueños de los ingenios lograban sus inmensas fortunas haciendo un pacto con el diablo. A cambio de riqueza y prosperidad para la fábrica, debían entregarle la vida de un peón cada año. El diablo se manifestaba en forma de un perro negro gigantesco, sin cadenas, con ojos rojos como brasas y un aliento a azufre. Según la historia, los capataces enviaban a los trabajadores más rebeldes o forasteros al sótano o a los cuartos oscuros de la fábrica a buscar herramientas por la noche, donde El Familiar los esperaba para devorarlos y sellar así el macabro trato anual.