Mientras que la Puna tiene a su protector, las densas selvas de las Yungas albergan a una de las criaturas más temidas de la región: el Ucumar (del quechua ukumari, que significa oso). Se lo describe como un hombre-oso, un ser bípedo, robusto, cubierto de pelo negro y espeso, con una fuerza descomunal y un rugido que paraliza a quien lo escucha en la noche. Los relatos cuentan que el Ucumar vive en cuevas profundas y se alimenta de frutos silvestres y miel, pero su fama es siniestra: se dice que suele raptar mujeres que se adentran solas en el monte para llevarlas a su guarida, de donde rara vez logran escapar. Incluso hoy en día, algunos pobladores afirman haber encontrado sus enormes huellas cerca de los ríos de la selva jujeña y salteña.